Pensemos en un grupo de árboles que se enfrentan a una gran tormenta, una enorme y despiadada tormenta. Como toda tormenta, en algún momento cederá y entonces cuando levantamos la mirada vemos qué tanto daño pudo haber causado.
Imaginemos que en un grupo de árboles, frente a la tormenta uno de ellos quedó en pie mientras el resto fue derribado. A partir de ese momento, ese árbol va a ser recordado como "el árbol que superó la tormenta".
Esto no es así por casualidad y también tiene mucho de analogía con la vida real. Los humanos nos maravillamos con aquellas personas que tienen la fuerza no física sino espiritual de poder seguir de pie tras la tormenta aunque sus hojas se hayan volado, aunque hayan quedado desnudas sus ramas, mojadas y sucias por el viento. Aunque muchas de sus partes hayan sufrido dolorosos desgarros. Ver ese árbol parado, digno y haciendo frente a la tormenta tan heroicamente como callado y en silencio, enamora al alma y llena el corazón.
Imaginemos que en vez de ser un árbol sea todo el grupo de árboles, pues el sentimiento será el mismo. Esto quiere decir, que no es cuestión de sobresalir en el entorno, sino de conseguir la meta. La de quererse, amarse a sí mismo, y seguir de pie por más fuerte y desgarrante que sea la tormenta.
Y podrán preguntarse. Pero, ¿Y si los troncos de los demás árboles solo cedieron porque eran muy débiles? ¿Qué sentido tiene con toda esta analogía?
Bien, lo que faltó aclarar es que cuanto más sano sea nuestro amor por nosotros mismos, mejor autoestima tendremos. Más ancho será nuestro tronco de sustento. Las ramas representan todo lo que en nuestra vida es ornamental o no esencial. Eso que muchas veces ante la primer adversidad se pierde (pensemos en los amigos por conveniencia). Las hojas aquello que en realidad es supérfluo en nuestra vida (por ejemplo los grandes lujos). Mientras que el tronco, nuestro sustento, nuestro más sincero "Yo", se basa en nuestra autoestima, nuestro conocimiento de nosotros mismos, nuestra voluntad, nuestro amor, y todos los aspectos esenciales de nuestra persona.
Being Me Rules
Lecturas para la autoestima
El diamante y el entorno
Hemos hablado ya sobre la analogía de nuestro ser y nuestro desarrollo personal, con las características de un diamante. Ahora bien, no vamos ser indiferentes a los efectos que puede tener el entorno en un diamante. Y es verdad, la vida no es una nube de caramelo. Pero lo importante es recordar siempre, que pase lo que pase, no dejamos de ser diamantes.
El entorno que es a lo que llamamos aquí como las circunstancias y los eventos que pueden alterar de alguna manera la exposición del diamante, podrá modificar la manera en que se aprecia su brillo. Pero jamás puede quitarle el valor.
En algunas ocasiones ciertas experiencias pueden servir de camuflaje o difractor para el brillo de alguna de las caras. Imaginemos por ejemplo una nube muy espesa que tapa los rayos del sol. Quizá, emocionalmente, la falta de brillo o la dificultad para brillar por parte del diamante ante semejante nube oscura, pueda generar sentimientos encontrados. Incluso muchas personas según las circunstancias que pueden haber vivido, sienten un desgarro interno, una ruptura de su interior, una sensación intensa y profunda de dolor.
Y esto no quiere decir que su diamante esté roto. No, todo lo contrario. Su diamante está allí, completo. Entero, esperando brillar otra vez. Solo que la circunstancia cubrió sus brillosas caras o caras por pulir, con un manto de tierra. Pero... La tierra se lava, ¿verdad? ¿Las nubes no duran para toda la eternidad, cierto? Siempre que hubo un día nublado, también hubo días de sol luego ¿No es así?. En este caso, la analogía también sirve. Las circunstancias cambian, el valor del diamante se mantiene intacto. La integridad de nuestro ser no se devalúa, por más maltrato, pena, golpe, abuso, desaire que podamos haber sufrido. La integridad y valor de nuestro ser, no las determinan esas situaciones. La determinamos nosotros mismos, en la manera en la cual afrontamos nuestras realidades.
Hagamos la prueba de pensar lo siguiente. Si yo hoy me parara frente a ti, y te muestro un diamante sin pulir, quizá cubierto con tierra. ¿Dejarías pasar la oportunidad de obtenerlo si lo doy gratis?
La regla general dice que lo aceptarías y con mucho gusto, porque todos sabemos y conocemos el valor que ello tiene. Pues bien, ese es el valor que por más desgaste o suciedad que lo cubra, no se inmuta. Cambiemos la palabra Diamante por "Yo" y entonces el sentido es el mismo.
Somos valiosos, el entorno no quita nuestro valor. Solo puede hacerlo brillar más o menos, pero el valor queda intacto. Y reconocer esto, es la base para construir nuestro autoestima aún en la adversidad.
El entorno que es a lo que llamamos aquí como las circunstancias y los eventos que pueden alterar de alguna manera la exposición del diamante, podrá modificar la manera en que se aprecia su brillo. Pero jamás puede quitarle el valor.
En algunas ocasiones ciertas experiencias pueden servir de camuflaje o difractor para el brillo de alguna de las caras. Imaginemos por ejemplo una nube muy espesa que tapa los rayos del sol. Quizá, emocionalmente, la falta de brillo o la dificultad para brillar por parte del diamante ante semejante nube oscura, pueda generar sentimientos encontrados. Incluso muchas personas según las circunstancias que pueden haber vivido, sienten un desgarro interno, una ruptura de su interior, una sensación intensa y profunda de dolor.
Y esto no quiere decir que su diamante esté roto. No, todo lo contrario. Su diamante está allí, completo. Entero, esperando brillar otra vez. Solo que la circunstancia cubrió sus brillosas caras o caras por pulir, con un manto de tierra. Pero... La tierra se lava, ¿verdad? ¿Las nubes no duran para toda la eternidad, cierto? Siempre que hubo un día nublado, también hubo días de sol luego ¿No es así?. En este caso, la analogía también sirve. Las circunstancias cambian, el valor del diamante se mantiene intacto. La integridad de nuestro ser no se devalúa, por más maltrato, pena, golpe, abuso, desaire que podamos haber sufrido. La integridad y valor de nuestro ser, no las determinan esas situaciones. La determinamos nosotros mismos, en la manera en la cual afrontamos nuestras realidades.
Hagamos la prueba de pensar lo siguiente. Si yo hoy me parara frente a ti, y te muestro un diamante sin pulir, quizá cubierto con tierra. ¿Dejarías pasar la oportunidad de obtenerlo si lo doy gratis?
La regla general dice que lo aceptarías y con mucho gusto, porque todos sabemos y conocemos el valor que ello tiene. Pues bien, ese es el valor que por más desgaste o suciedad que lo cubra, no se inmuta. Cambiemos la palabra Diamante por "Yo" y entonces el sentido es el mismo.
Somos valiosos, el entorno no quita nuestro valor. Solo puede hacerlo brillar más o menos, pero el valor queda intacto. Y reconocer esto, es la base para construir nuestro autoestima aún en la adversidad.
La Analogía del Diamante
¿Has visto alguna vez un diamante en estado puro? por si no lo has hecho te recomiendo que busques cómo son los diamantes sin pulir. Te asombrarás al hacerlo. Y esto es importante de aclarar al principio porque la analogía del diamante tiene mucho de base en ello.
Nuestro ser está condicionado de tal manera que tenemos o podemos, dividir la existencia entre ello que "yo soy" y ello que "no soy yo". Es decir, aquello que está bajo la esfera de mi influencia y que me pertenece y aquello que no lo está y le pertenece a otros o es la esfera de acción de otros.
Ahora bien, pensemos en nuestras personas como un diamante. Es decir, cuando nacemos, somos diamantes sin pulir. El valor es el mismo, somos valiosos, y en la medida que vayamos creciendo vamos a ir puliendo nuestras caras. Imaginemos que cada una de nuestras caras representa una cualidad individual. Supongamos que una cara simboliza nuestra capacidad de amar, otra cara simboliza nuestros hobbies e intereses, otra de las caras simboliza nuestros deseos más profundos, otra cara nuestra capacidad de empatía, etc. etc. etc.
En la medida que vamos creciendo, vamos tomando experiencias. Y absolutamente todas las experiencias, sean malas o sean buenas, sirven de pulidor para estas caras aunque es verdad, también hay situaciones que pueden opacar el brillo de alguna de nuestras caras. Pero podemos hacer que también esa situación nos permita pulir otras caras distintas... ¿Por qué? Por que no hay experiencia por muy mala que sea, que no nos deje una enseñanza o un criterio para aprender. Todo aquello que nosotros hacemos y vivenciamos tiene su influencia en nuestras caras del diamante personal.
Lo importante es siempre buscar la parte de la experiencia que permita a nuestras caras comenzar a brillar. Si por ejemplo, tenemos una pelea con un amigo a quien queremos. Todas nuestras acciones que hagamos a partir de allí, puede ayudarnos a pulir nuestras caras. Por ejemplo. Durante la pelea puede ser que hayamos dicho cosas exageradas, que quizá no quisiéramos haberlas dicho. Con ello ya aprendemos que no vale la pena herir los sentimientos de las otras personas, con eso también vamos a intentar ser más cuidadosos la próxima vez al pronunciar nuestras palabras, con eso y sobre todo con el tiempo en el que no hablamos con nuestro amigo por enojo, también aprendemos que en realidad queremos su amistad (o quizá sea una buena situación para evaluar si es una buena amistad o si no lo es).
En definitiva, la esfera de posibilidades que nos ayudan a hacer brillar nuestro diamante, es muy amplia y varía de persona en persona y de situación en situación. Pero esta analogía sirve para exponer, que todas las situaciones pueden sernos útiles. Todo depende en una gran medida, del uso e interpretación que hagamos de ellas. Y no olvidar, que por más que algunas de nuestras caras puedan estar opacas, seguimos siendo diamantes.
Nuestro ser está condicionado de tal manera que tenemos o podemos, dividir la existencia entre ello que "yo soy" y ello que "no soy yo". Es decir, aquello que está bajo la esfera de mi influencia y que me pertenece y aquello que no lo está y le pertenece a otros o es la esfera de acción de otros.
Ahora bien, pensemos en nuestras personas como un diamante. Es decir, cuando nacemos, somos diamantes sin pulir. El valor es el mismo, somos valiosos, y en la medida que vayamos creciendo vamos a ir puliendo nuestras caras. Imaginemos que cada una de nuestras caras representa una cualidad individual. Supongamos que una cara simboliza nuestra capacidad de amar, otra cara simboliza nuestros hobbies e intereses, otra de las caras simboliza nuestros deseos más profundos, otra cara nuestra capacidad de empatía, etc. etc. etc.
En la medida que vamos creciendo, vamos tomando experiencias. Y absolutamente todas las experiencias, sean malas o sean buenas, sirven de pulidor para estas caras aunque es verdad, también hay situaciones que pueden opacar el brillo de alguna de nuestras caras. Pero podemos hacer que también esa situación nos permita pulir otras caras distintas... ¿Por qué? Por que no hay experiencia por muy mala que sea, que no nos deje una enseñanza o un criterio para aprender. Todo aquello que nosotros hacemos y vivenciamos tiene su influencia en nuestras caras del diamante personal.
Lo importante es siempre buscar la parte de la experiencia que permita a nuestras caras comenzar a brillar. Si por ejemplo, tenemos una pelea con un amigo a quien queremos. Todas nuestras acciones que hagamos a partir de allí, puede ayudarnos a pulir nuestras caras. Por ejemplo. Durante la pelea puede ser que hayamos dicho cosas exageradas, que quizá no quisiéramos haberlas dicho. Con ello ya aprendemos que no vale la pena herir los sentimientos de las otras personas, con eso también vamos a intentar ser más cuidadosos la próxima vez al pronunciar nuestras palabras, con eso y sobre todo con el tiempo en el que no hablamos con nuestro amigo por enojo, también aprendemos que en realidad queremos su amistad (o quizá sea una buena situación para evaluar si es una buena amistad o si no lo es).
En definitiva, la esfera de posibilidades que nos ayudan a hacer brillar nuestro diamante, es muy amplia y varía de persona en persona y de situación en situación. Pero esta analogía sirve para exponer, que todas las situaciones pueden sernos útiles. Todo depende en una gran medida, del uso e interpretación que hagamos de ellas. Y no olvidar, que por más que algunas de nuestras caras puedan estar opacas, seguimos siendo diamantes.
Nuestro primer ladrillo hacia la autoestima sana
Nuestro valor incondicional como seres humanos. Ya hemos nacido, nos hemos desarrollado. Somo humanos, podemos leer, podemos correr, vivir, comer, sentir. Pensamos, vivimos, caminamos, hablamos, nos encontramos, lloramos, queremos, bebemos, saltamos, expresamos, reprimimos, buscamos, etc.
Sí, tenemos todos los valores y requisitos necesarios para entrar en esta categoría. Porque todos los humanos somos personas y con eso decimos que tenemos un valor inmedible, enormemente grande e intrínseco como persona. Pues, en definitiva tenemos todas las potencialidades en nuestro ser.
Esto no está determinado bajo ningún concepto por factores externos a nosotros, por eso en este concepto nada importa si no nos tratan bien, o si hemos tomado decisiones equivocadas o si tenemos mucho o poco dinero. Pues no, esos factores externos no atenúan ni aumentan este valor
Por lo tanto, podemos hablar que es un valor autosustentable e intrínseco que por mucho esfuerzo que hagamos por negar, seguirá estando allí. ha venido con nosotros como cualquier rasgo de nacimiento.
Y es contrario al mensaje cotidiano, intrínseco y escondido que lleva en sí muchas situaciones sociales actuales, donde se tiende a emponderar a personas exitosas en ciertas disciplinas, solo por haberse destacado en ellas, elevándolas o incluso venerándolas/idolatrándolas.
La autoestima sana sabe que la idolatría no es compatible con el concepto de que todos somos igualmente valiosos en este plano terrenal. Pero hay que aceptar que de algún modo queremos agasajar a aquellas personas que se han destacado en algún u otro aspecto. Por este motivo respetamos a un Presidente o Soberano, por este mismo motivo aplaudimos a un músico al terminar de tocar su instrumento, por este motivo expresamos nuestra admiración por algún deportista, etc.
Esto no es una contradicción en sí misma, es solo muestras de respeto/admiración que pasan por otro lado del aspecto social. Acá lo importante es remarcar, que todos estos individuos, admirado y admirador, en el fondo tienen el mismo valor y merecen felicidad y respeto como ser humano.
En ese sentido tanto gente con sana autoestima como gente que no la tiene, buscan progresar en sus carreras, sueños, metas. Pero eso nada tiene que ver con sentirse valioso como ser humano. Es decir, nuestro valor como personas sigue ahí, intacto, hagas lo que hagas y será el mismo que el del vecino por más exitoso que seamos. Ambos merecemos respeto como tal y ambos buscamos la felicidad.
Este pensamiento puede llegar a ser una gran fuente de luz, en momentos oscuros donde todo parece estar en contra de nosotros. Pero tranquilos, que somos los únicos que pasan ni pasaron momentos semejantes. Todos tenemos en nuestra historia de vida al menos una situación en la que podamos relacionar con esta idea de "el mundo contra nosotros" y sin embargo, todo sigue, la vida cambia y el problema encuentra un desenlace que culmina en la solución.
Sí, tenemos todos los valores y requisitos necesarios para entrar en esta categoría. Porque todos los humanos somos personas y con eso decimos que tenemos un valor inmedible, enormemente grande e intrínseco como persona. Pues, en definitiva tenemos todas las potencialidades en nuestro ser.
Esto no está determinado bajo ningún concepto por factores externos a nosotros, por eso en este concepto nada importa si no nos tratan bien, o si hemos tomado decisiones equivocadas o si tenemos mucho o poco dinero. Pues no, esos factores externos no atenúan ni aumentan este valor
Por lo tanto, podemos hablar que es un valor autosustentable e intrínseco que por mucho esfuerzo que hagamos por negar, seguirá estando allí. ha venido con nosotros como cualquier rasgo de nacimiento.
Y es contrario al mensaje cotidiano, intrínseco y escondido que lleva en sí muchas situaciones sociales actuales, donde se tiende a emponderar a personas exitosas en ciertas disciplinas, solo por haberse destacado en ellas, elevándolas o incluso venerándolas/idolatrándolas.
La autoestima sana sabe que la idolatría no es compatible con el concepto de que todos somos igualmente valiosos en este plano terrenal. Pero hay que aceptar que de algún modo queremos agasajar a aquellas personas que se han destacado en algún u otro aspecto. Por este motivo respetamos a un Presidente o Soberano, por este mismo motivo aplaudimos a un músico al terminar de tocar su instrumento, por este motivo expresamos nuestra admiración por algún deportista, etc.
Esto no es una contradicción en sí misma, es solo muestras de respeto/admiración que pasan por otro lado del aspecto social. Acá lo importante es remarcar, que todos estos individuos, admirado y admirador, en el fondo tienen el mismo valor y merecen felicidad y respeto como ser humano.
En ese sentido tanto gente con sana autoestima como gente que no la tiene, buscan progresar en sus carreras, sueños, metas. Pero eso nada tiene que ver con sentirse valioso como ser humano. Es decir, nuestro valor como personas sigue ahí, intacto, hagas lo que hagas y será el mismo que el del vecino por más exitoso que seamos. Ambos merecemos respeto como tal y ambos buscamos la felicidad.
Este pensamiento puede llegar a ser una gran fuente de luz, en momentos oscuros donde todo parece estar en contra de nosotros. Pero tranquilos, que somos los únicos que pasan ni pasaron momentos semejantes. Todos tenemos en nuestra historia de vida al menos una situación en la que podamos relacionar con esta idea de "el mundo contra nosotros" y sin embargo, todo sigue, la vida cambia y el problema encuentra un desenlace que culmina en la solución.
Construyendo nuestra autoestima
¿Se puede construir la autoestima? ¿No era que la autoestima era algo que "se tiene" o "no se tiene"?
La respuesta a esto es, sí, la autoestima se puede construir. ¿Pero entonces qué hay de eso de "se tiene" o "no se tiene"? Calma. Si bien la autoestima en su definición la podemos tomar como algo a todo o nada. Es decir, " o tienes o no tienes." El proceso para poder "tener" una sana autoestima no se consigue de la noche a la mañana, en ningún término. Es decir, que todos aquellos a los que uno ve con una sana autopercepción de sí mismos, pasaron por un largo y muchas veces inconsciente proceso de formación de su autoestima.
¿Por qué? ¿Cómo?
Bueno, a lo largo de la vida las personas van adquiriendo experiencias personales. Vamos conociendo otras personas a lo largo de nuestras vivencias. También vamos viendo y descubriendo nuestros gustos, nuestros sueños, nuestras necesidades más básicas o las más superficiales. Vamos viendo en conjunto con todo esto, quién somos nosotros. Y tomamos consciencia de que somos una persona viviente.
Todos y absolutamente todos, los que ya fuimos creciendo y forjamos un autoestima, pasamos por momentos buenos y momentos malos. Algunos muy buenos, y otros muy malos. Algunos donde todo parecía que iba a ser felicidad eterna y otros donde no veíamos una salida posible. Sin embargo, siempre todo termina organizándose de tal forma, que la vida muta, cambia y nos lleva a nuevos horizontes.
De esto se trata la vida, un conjunto de situaciones dinámicas que nos ponen a prueba día a día, y que en el proceso nos puede dar felicidad o tristeza. La buena noticia es que nada es estático y todo cambia, pasa, se renueva o muta. Si la vida fuera estática, prácticamente sería comparable a ponerle "pausa" a un vídeo que estemos viendo en un portal de internet. Donde todo se mantiene en un status quo que no se modifica.
Sin embargo la vida en su dinámica nos va llevando de aquí para allá, haciéndonos más y más experimentados y en consecuencia más sabios. Nadie vive exactamente las mismas circunstancias pero sí parecidas y por ende puede ir descubriendo en el camino nuevos camaradas de "aventuras".
La autoestima entonces podemos definirla como un proceso de construcción. Que se gesta a lo largo de toda una vida, pero que tiene frutos a lo largo de toda la vida. No hay que esperar al final para recoger los mismos.
Como en toda construcción hay piedras angulares, y eso será tema del próximo post.
La respuesta a esto es, sí, la autoestima se puede construir. ¿Pero entonces qué hay de eso de "se tiene" o "no se tiene"? Calma. Si bien la autoestima en su definición la podemos tomar como algo a todo o nada. Es decir, " o tienes o no tienes." El proceso para poder "tener" una sana autoestima no se consigue de la noche a la mañana, en ningún término. Es decir, que todos aquellos a los que uno ve con una sana autopercepción de sí mismos, pasaron por un largo y muchas veces inconsciente proceso de formación de su autoestima.
¿Por qué? ¿Cómo?
Bueno, a lo largo de la vida las personas van adquiriendo experiencias personales. Vamos conociendo otras personas a lo largo de nuestras vivencias. También vamos viendo y descubriendo nuestros gustos, nuestros sueños, nuestras necesidades más básicas o las más superficiales. Vamos viendo en conjunto con todo esto, quién somos nosotros. Y tomamos consciencia de que somos una persona viviente.
Todos y absolutamente todos, los que ya fuimos creciendo y forjamos un autoestima, pasamos por momentos buenos y momentos malos. Algunos muy buenos, y otros muy malos. Algunos donde todo parecía que iba a ser felicidad eterna y otros donde no veíamos una salida posible. Sin embargo, siempre todo termina organizándose de tal forma, que la vida muta, cambia y nos lleva a nuevos horizontes.
De esto se trata la vida, un conjunto de situaciones dinámicas que nos ponen a prueba día a día, y que en el proceso nos puede dar felicidad o tristeza. La buena noticia es que nada es estático y todo cambia, pasa, se renueva o muta. Si la vida fuera estática, prácticamente sería comparable a ponerle "pausa" a un vídeo que estemos viendo en un portal de internet. Donde todo se mantiene en un status quo que no se modifica.
Sin embargo la vida en su dinámica nos va llevando de aquí para allá, haciéndonos más y más experimentados y en consecuencia más sabios. Nadie vive exactamente las mismas circunstancias pero sí parecidas y por ende puede ir descubriendo en el camino nuevos camaradas de "aventuras".
La autoestima entonces podemos definirla como un proceso de construcción. Que se gesta a lo largo de toda una vida, pero que tiene frutos a lo largo de toda la vida. No hay que esperar al final para recoger los mismos.
Como en toda construcción hay piedras angulares, y eso será tema del próximo post.
Definiendo la autoestima
Lejos de tener una opinión milagrosa y gloriosa de uno mismo, el autoestima es un gran desafío en el que se nos pide que seamos realistas sobre quiénes somos, qué queremos, qué deseamos y cómo nos enfrentamos a la vida para conseguirlo. En pocas palabras, es una opinión realista sobre nosotros mismos. En esta opinión nosotros tenemos en cuenta cuáles son nuestras fortalezas y nuestras debilidades. Así como todo lo que esté en el medio de esos dos extremos y que hacen en conjunto nuestra propia orquesta y melodía.
Por otro lado, podríamos hacer el ejercicio de pensar al autoestima como un amigo nuestro. ¿Un amigo? Sí, un amigo, el cual nos conoce bien y que reconoce nuestro valor como persona conociendo todas nuestras puntos fuertes como nuestras flaquezas. Este amigo sabe que nosotros somos tan importantes como todos los demás seres humanos en la tierra, sin elevarnos por sobre ninguno de ellos ni ponernos por debajo de ninguno de ellos. Es decir, sin endiosarnos ni subestimarnos.
¿Parecería contradictorio no? Que por un lado, nos eleva al mismo nivel que todas aquellas personas que uno admira, que nos llena de sentido de dignidad y engloba en un halo de importancia personal. Y a la vez, por otro lado, nos dice que aquellas personas que somos conscientes de esta realidad, también nos mantenemos humildes, realzando el valor personal que cada ser humano tiene sobre esta tierra. Sin embargo no es ninguna contradicción. Más bien, la segunda es la consecuencia directa de la primera. Pues una vez que entiendes que el valor de tu persona no está ni por debajo ni por encima del de las otras, sin excepción, entonces también entiendes que no tiene sentido sentirse mejor ni superior que otras personas.
Por esto mismo, es que nosotros hacemos una gran diferencia entre los términos "autoestima sana" y "alta autoestima". ¿Por qué? porque creemos que la autoestima es una sola, es decir, no hay "demasiado autoestima" aunque esa frase se la utilice en sentido figurativo. Sino que, o "se tiene" o "no se tiene" autoestima. Es decir, o te considerás una persona tan valiosa como los demás, o no te consideras de ese modo. Pero no hay un gris. Un termino medio.
Sin embargo, vamos a utilizar a lo largo de este blog el término, "sana autoestima", "buena autoestima" o "baja autoestima", "falta de autoestima", según surja en el momento de escribir, para ser coherentes con el mundo que viene utilizando estos términos indistintamente.
Por otro lado, podríamos hacer el ejercicio de pensar al autoestima como un amigo nuestro. ¿Un amigo? Sí, un amigo, el cual nos conoce bien y que reconoce nuestro valor como persona conociendo todas nuestras puntos fuertes como nuestras flaquezas. Este amigo sabe que nosotros somos tan importantes como todos los demás seres humanos en la tierra, sin elevarnos por sobre ninguno de ellos ni ponernos por debajo de ninguno de ellos. Es decir, sin endiosarnos ni subestimarnos.
¿Parecería contradictorio no? Que por un lado, nos eleva al mismo nivel que todas aquellas personas que uno admira, que nos llena de sentido de dignidad y engloba en un halo de importancia personal. Y a la vez, por otro lado, nos dice que aquellas personas que somos conscientes de esta realidad, también nos mantenemos humildes, realzando el valor personal que cada ser humano tiene sobre esta tierra. Sin embargo no es ninguna contradicción. Más bien, la segunda es la consecuencia directa de la primera. Pues una vez que entiendes que el valor de tu persona no está ni por debajo ni por encima del de las otras, sin excepción, entonces también entiendes que no tiene sentido sentirse mejor ni superior que otras personas.
Por esto mismo, es que nosotros hacemos una gran diferencia entre los términos "autoestima sana" y "alta autoestima". ¿Por qué? porque creemos que la autoestima es una sola, es decir, no hay "demasiado autoestima" aunque esa frase se la utilice en sentido figurativo. Sino que, o "se tiene" o "no se tiene" autoestima. Es decir, o te considerás una persona tan valiosa como los demás, o no te consideras de ese modo. Pero no hay un gris. Un termino medio.
Sin embargo, vamos a utilizar a lo largo de este blog el término, "sana autoestima", "buena autoestima" o "baja autoestima", "falta de autoestima", según surja en el momento de escribir, para ser coherentes con el mundo que viene utilizando estos términos indistintamente.
¿Qué es la autoestima y por qué la necesitamos?
Tener una buena autoestima trae aparejado un gran número de beneficios para nuestra vida cotidiana, se la asocia de manera contundente con la felicidad personal, la realización espiritual, la motivación para vivir y descubrir el mundo que nos rodea, así también con lo que se conoce con el nombre de psicología de la resiliencia.
Personas con una sana autoestima tienden a no sufrir de procesos de depresión, aumentan sus expectativas y calidad de vida, así también como evitan procesos de ansiedad y de dificultades relacionadas con su sistema inmune.
Todo radica en la sensación de valía de uno mismo, el aprender a quererse, reconocerse y conocerse en medio de la marea humana y quererse. Conocer limitaciones y trabajar sobre las particularidades que nos hacen únicos e irrepetibles.
Una orquesta requiere de todos los instrumentos que en ella tocan los músicos, sin embargo, si elegimos uno de todos esos instrumentos y hacemos callar al resto, escucharíamos una melodía completamente diferente de la que se escucha cuando la banda toca en su conjunto. Esto quiere decir que cada uno de nosotros aparece en este plano social, con una melodía propia, que nosotros mismos tocamos y que si bien parece perderse en sociedad, también contribuye a la gran melodía que toca la orquesta en su conjunto.
En otras palabras, todos y cada uno de nosotros somos necesario para mantener la orquesta tocando. Ningún instrumento es más importante que otro en función de lograr la armonía. Por más que algunos suelen sonar más fuerte que otros, o quizá acaparar más la atención del espectador, sin la contribución de todos los demás instrumentos, las escena se volvería un monologo muy distinto.
La vida está llena de desafíos desde el principio hasta el fin, y vale la pena transcurrir por todos ellos con la esperanza de descubrirnos a nosotros mismos y el mundo que nos rodea. En eso se basa la felicidad humana.
Personas con una sana autoestima tienden a no sufrir de procesos de depresión, aumentan sus expectativas y calidad de vida, así también como evitan procesos de ansiedad y de dificultades relacionadas con su sistema inmune.
Todo radica en la sensación de valía de uno mismo, el aprender a quererse, reconocerse y conocerse en medio de la marea humana y quererse. Conocer limitaciones y trabajar sobre las particularidades que nos hacen únicos e irrepetibles.
Una orquesta requiere de todos los instrumentos que en ella tocan los músicos, sin embargo, si elegimos uno de todos esos instrumentos y hacemos callar al resto, escucharíamos una melodía completamente diferente de la que se escucha cuando la banda toca en su conjunto. Esto quiere decir que cada uno de nosotros aparece en este plano social, con una melodía propia, que nosotros mismos tocamos y que si bien parece perderse en sociedad, también contribuye a la gran melodía que toca la orquesta en su conjunto.
En otras palabras, todos y cada uno de nosotros somos necesario para mantener la orquesta tocando. Ningún instrumento es más importante que otro en función de lograr la armonía. Por más que algunos suelen sonar más fuerte que otros, o quizá acaparar más la atención del espectador, sin la contribución de todos los demás instrumentos, las escena se volvería un monologo muy distinto.
La vida está llena de desafíos desde el principio hasta el fin, y vale la pena transcurrir por todos ellos con la esperanza de descubrirnos a nosotros mismos y el mundo que nos rodea. En eso se basa la felicidad humana.
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